2012/05/03

LAS ILUSIONES DE UN NIÑO


Cuando era pequeño, era un iluso. Creía en el Ratoncito Pérez, admiraba al Olentzero y me entusiasmaban los regalos que me hacían los Reyes Magos. Vivía muy feliz creyendo en ellos.

Todavía tengo un recuerdo muy grato que espero no olvidar en toda la vida. Cuando tenía seis años, la noche en la que debía venir el Olentzero era muy fría y ventosa. De madurgada, me levanté y me encontré una caja gigante en el pasillo al lado del árbol de navidad. Intenté guardar el secreto hasta la mañana siguiente, pero como es normal a esa edad, era un niño muy curioso y decidí abrirlo. En aquella caja se escondía un tractor muy grande de pedales (era como una bicicleta, pero este tenía un volante para conducir, palancas y cuatro ruedas). En aquel momento pensé que el Olentzero había creado un tractor único para mí.

El otro recuerdo que ronda ahora mismo por mi cabeza, es el día en que vi los regalos en el armario de mis padres, la tarde en la que se destruyó la ilusión y maduré en algún sentido.

Por todas estas experiencias que he vivido a lo largo de mi juventud, creo que los padres no deberían contarles este secreto a sus hijos antes de que lo descubran por sí solos. En mi opinión sería destrozarles una ilusión que no volverán a tener en la vida.

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